lunes, 3 de agosto de 2009

Pésames innecesarios

Luego de una conversación en la antesala del fin de semana, varios compañeros y yo, llegamos a la conclusión de que realmente los pésames son innecesarios. Y si no todos, por lo menos algunos. Porque díganme ustedes, las frases “lo siento mucho” o “te acompaño en tus sentimientos”, no son del todo sinceras.
Lo cierto es que en un momento tan lamentable, como la pérdida de un ser querido, nadie es capaz de sentir realmente, el dolor o la pena por la desaparición física de ese ser, excepto los allegados a la persona.
Una cosa es entenderlo, eso es muy posible, sobretodo, si se ha pasado por eso, pero en esa ocasión, solo al doliente, le duele de verdad. (Valga la redundancia).
Por otro lado, es importante decir que hay personas bastante inoportunas, que en cuanto se enteran que alguien tuvo una pérdida, lo único que atinan hacer es abordar al doliente con una cantidad de tonterías, que en lugar de hacerlo sentir mejor, logran aumentar su malestar.
Me refiero a una serie de comentarios que parecen sacados de una película de terror tales como: ¿y cómo pasó?, ¿por qué no me avisaste antes?, ¿Dime, cómo te sientes?, ¿qué fue lo que le diagnosticaron hace dos meses?, yo me acuerdo de esa recaída que tuvo… ¿Cuándo pasó? ¡Por Dios!
Un abrazo en silencio, y salido del corazón es suficiente para demostrar interés. No se dan cuenta que con todo este tipo de preguntas lo único que hacen es que se reviva una y otra vez, recuerdos muy dolorosos. Y para colmo, llegan uno tras otro, a repetir las mismas barrabasadas.
Bacano, mire una cosa: En momentos como ese, si no es capaz de pensar en algo coherente, que aporte, mejor quédese callado. ¡Es más no vaya! No llame. Respete el dolor ajeno y, como no va a ayudar de otra forma, al menos deje espacio para asimilar lo ocurrido.

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