Sí señores: Otra vez llegó Navidad. Para muchos, un motivo de alegría; para otros, una época de mucha nostalgia. Hay quienes encuentran en ella el pretexto perfecto para “canear” y estar de vago y, aunque son la minoría (por fortuna), nunca faltan aquellas personas a las que le resulta completamente indiferente.
Particularmente, soy de los que piensa que la Navidad es una de las épocas más hermosas del año. Sí, ya sé que suena a cliché por donde quiera que se le quiera escuchar, pero así y todo lo creo. También sé que conforme el paso del tiempo, esta temporada ya no transcurre como antes, sin embargo hay algo que no cambia. Inexplicablemente y a pesar de todo, sigue estando envuelta en una magia única e indescriptible.
Desde que entra diciembre el ambiente se torna distinto. Las luces, cima sabor navideño con su música alegórica, esa brisita que nos atortoja, la chercha del angelito con nuestros compañeros de trabajo y claro está, la cuenta regresiva para recibir al más esperado de todos: nuestro adorado y fugaz doble sueldo, jajajajaj… Digo fugaz, porque es tan efímero el tiempo que suele durar en nuestras manos, además de que la larga lista de cosas planificadas para hacer, se vuelve todavía más extensa, al ver las pocas cosas para las que alcanzó lo que se conoce como el salario número 13.
En definitiva la gente se vuelve como loca. Se trata de una especie de suspensión que embriaga de una manera sorprendente. En esta época todo se quiere resolver, a los novios le entran unas repentinas ganas de casarse, todo el mundo quiere remodelar y pintar la casa, apartamento u oficina, cambiar o comprar un vehículo, y en fin, una gran cantidad de cosas que bien podrían hacerse con más calma en cualquier otro momento. No solo porque se lucha contra el tiempo, sino que también los precios se disparan de muy mala manera.
Y hablando del factor tiempo, como sabrán a la gente, especialmente al dominicano le encanta dejar todo para el último minuto. Desde ya les aconsejo que ni de relajo se les ocurra ir al supermercado o a la tienda un día 24 ó 31. Una vez cometí ese gravísimo error, y no quiero ni acordarme del caos que se arma. Por su bien se los digo: hagan una excepción y planifiquen bien sus compras.
Lo último, pero no menos importante. Sería bueno que aprendiéramos a darle el valor a las cosas y a no dejarnos llevar por detalles meramente vanos. No digo que todo ese entusiasmo este mal, al contrario lo apruebo totalmente. El único problema es que a veces nos dejamos envolver demasiado por cosas como fiestas, ropa, viajes, comida, bebida (que también son parte de la vida claro está), y nos olvidamos del verdadero significado y motivo de estas fiestas.
No digo que nos pasemos todo el tiempo de cabeza en una iglesia, con un rosario en la mano, que no dejemos que el alcohol ni se asome por nuestro paladar… ni nada que se le parezca, porque tampoco se trata de exagerar. Haga lo que gusta sin perjudicar a los demás. Recuerden que lo más importante es estar conscientes de que en Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, y que también hay que dedicarle tiempo a El, que nos ha dado TODO. Precisamente eso es lo que deseo que suceda en cada uno de sus corazones: que reciban y acepten al Señor Jesús como el único y verdadero centro de sus vidas.
Ojalá que esta sea una Navidad de reflexión, llena de nuevas esperanzas y oportunidades para emprender todo aquello que anhelan. Disfruten en compañía de sus seres queridos y que el 2010 llegue cargado de muchas bendiciones para todos ustedes. ¡Feliz Navidad!
PD. ¡En 2010 no dejen de leer Twelve Away!
jueves, 10 de diciembre de 2009
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